La hidronefrosis consiste en la dilatación de la pelvis y cálices renales. Puede ser unilateral o bilateral, según estén afectados un riñón o los dos. Cuando también está dilatado el uréter hablamos de uréterohidronefrosis.

Gracias a la ecografía prenatal su diagnóstico es cada vez más frecuente pero se debe hacer una ecografía renal a partir de la semana de vida aproximadamente para confirmar el diagnóstico. Según la dilatación y la existencia de atrofia del parénquima renal la hidronefrosis se clasifica en diversos grados. La hidronefrosis puede ser transitoria, es decir, que desaparece durante el embarazo, al nacimiento o en los primeros meses de vida, o suponer la causa de una uropatía que requiera tratamiento. Evidentemente cuanta menor sea la dilatación es más probable que se resuelva espontáneamente.

¿Qué causa la hidronefrosis?
La hidronefrosis puede ser consecuencia de una falta de maduración del tracto urinario, y en estos casos suele desaparecer. Esta dilatación mantenida puede afectar a la función renal y por ello debe ser vigilada y, en ocasiones, tratada quirúrgicamente. Otras veces la hidronefrosis es la causa de una obstrucción en algún punto del tracto urinario, de un reflujo de orina hacia el uréter, de mala función vesical o una alteración de la uretra.

La estenosis de la unión pieloureteral es la obstrucción más frecuente y se localiza en el punto de unión entre la pelvis renal y el uréter.

Gracias a la ecografía prenatal, el diagnóstico de la hidronefrosis es cada vez más frecuente

¿Cómo se diagnostica?
La hidronefrosis se detecta mediante la ecografía. Esta nos puede dar mucha información como qué parte del tracto urinario está dilatado, el aspecto de la corteza renal, si existen alteraciones vesicales o si hay otras anomalías asociadas.

Una vez analizados los datos de la ecografía puede ser necesario realizar estudios de medicina nuclear para descartar obstrucción y obtener una valoración de la función renal. Cuando queremos descartar un reflujo vésico ureteral se debe realizar una ecocistografía o una cistografía convencional, que consiste en introducir un contraste en vejiga y observar si asciende hacia los riñones. En ciertos casos hay que completar el estudio con otros estudios de imagen como una uroRMN para aclarar ciertos aspectos anatómicos.

¿En qué consiste el tratamiento?
Los grados más bajos de hidronefrosis suelen resolverse de manera espontánea. En ocasiones se decide un manejo expectante, basado en la clínica del paciente y en la función renal, y en otros casos el tratamiento es directamente quirúrgico. Una disminución de la función renal o la presencia de infecciones urinarias son signos que nos indican que posiblemente el tratamiento sea quirúrgico. El tipo de tratamiento dependerá de la patología causante de la hidronefrosis.

El tratamiento de la estenosis de la unión pieloureteral consiste en la resección de la zona estenótica y su reconstrucción posterior. La cirugía laparoscópica permite su reparación, dejando mínimas cicatrices y con una recuperación más rápida del niño. El megauréter obstructivo se origina por una mala función de las fibras que facilitan el movimiento de la orina hacia la vejiga en la zona final del uréter, en la entrada a la vejiga. Aunque el tratamiento inicial suele ser conservador en ocasiones requiere dilatar de manera endoscópica la zona lesionada e incluso la reparación quirúrgica con cirugía laparoscópica. El reflujo vésico ureteral de bajo grado suele resolverse sin necesidad de intervenir, pero en los casos de alto grado con infecciones urinarias está indicado su corrección endoscópica. Lo importante es tener establecida la causa de la hidronefrosis y con un diagnóstico correcto actuar en consecuencia. También recomendamos un seguimiento estrecho en aquellos pacientes en los que se decide un manejo expectante, para poder detectar cualquier cambio en el grado de hidronefrosis o cualquier alteración de la función renal y modificar nuestra actitud si fuese necesario.